17 may 2007

GUISANDO - INVERSION DE LA JUNTA

Si hace unos días hablaba del pino Bartolo y pedía una senda para él, parece que alguien estaba haciendo las gestiones para llevarlo a cabo.
Al fin y al cabo es un especimen de singular importancia al que hay que dar la protección adecuada para su mantenimiento. Pero tambien la oportunidad al público en general de poder visitarle y conocerle.

Hoy Avila Digital publica un artículo que paso a transcribir por la importancia del mismo para Guisando.
La Junta ha invertido más de 71.000 euros
La senda de Los Galayos, de Guisando, está siendo rehabilitada
Más de 71.000 euros es la cantidad que la Junta de Castilla y León está invirtiendo en la rehabilitación y dotación de infraestructuras a la localidad de Guisando.
Una de las obras más destacadas, la mejora de la senda de Los Galayos, una de las más transitadas de Gredos.
El fuerte desnivel y el trazo a media ladera hacen que esta senda este deteriorada. Por este motivo, la Junta ha comenzado las labores de empedrado de los tramos finales de la Apretura, en la zona cercana a la fuente del Amanecer y la fuente de Macario.
Además, van a continuar con el empedrado de la senda Nogal del Barranco, ubicada en la Plataforma de Los Galayos, y del tramo del camino de subida a las sendas de Los Galayos, la Ecológica de la Mancomunidad de Los Galayos y la senda de los Cabreros.
Enclaves típicos
Otra de las zonas que están siendo rehabilitadas por el Ejecutivo regional en Guisando es Lancha Lisa que se encontraba semiderruida. En esta zona existen chozos, chiveteros de piedra y otros elementos etnográficos que van a ser restaurados para apoyar a la interpretación de usos y costumbres ganaderas casi olvidadas. Además, se levantará un cerramiento de madera entre la pista forestal de acceso y el refugio de ganaderos para delimitar las parcelas.
Kiosko La Cabra, en la zona de uso Público del Nogal del Barranco, es un edificio de la Junta de Castilla y León que se aprovecha como quiosco de verano y que está siendo acondicionado para la nueva temporada estival, ya que carecía de canalización para conducir las aguas residuales procedentes de los servicios y cocinas de la instalación hasta la fosa séptica.
Por otro lado, se está procediendo a la señalización e instalación de un cartel con la ficha técnica del Pino Bartolo, un árbol de la especie Pinus nigra, incluido dentro del Catálogo de Especimenes Vegetales de Singular Relevancia de Castilla y León.
Y como en el resto de zonas de Gredos, se está acondicionando el campamento juvenil ´Luís Manuel Martínez´ para ampliar su período de utilización.Todas estas actuaciones se incluyen dentro del Programa de Actuaciones para el Desarrollo Socioeconómico en el Parque Regional de la Sierra de Gredos, ´Plan Gredos´.

14 may 2007

ALBUM PRIMAVERAL EN GREDOS

Fotografías: Miguel Camacho





La abundancia de agua y luz solar hace brotar una exuberante vegetación, que en primavera se viste de gala con flores que abarcan todos los tonos del arco iris. Miles y miles de florecitas tapizan el suelo de cualquier finca o camino semejando tapices multicolores.

GALERIA DE FOTOS - XXXII

POYALES DEL HOYO - Retrato de Familia

GALERIA DE FOTOS - XXXI

Río Arbillas - Manantial de Vida

12 may 2007

GUISANDO - EL PINO BARTOLO

BARTOLO EL PINO ALBAR MÁS ANCIANO DEL LUGAR
”Yo me arrimé a un pino verde
por ver si me consolaba,
y el pino como era verde
al verme llorar, lloraba”.

Hace más de quinientos años, un aire seco y huracanado de tormen­ta de verano esparció por los montes de Gui­sando miles y miles de semillas. El viento arrastró juguetones piñones voladores desde el otro lado de la hermosa Sierra de Gredos, desde el gran pinar de Navarredonda.
No todos estos diminutos piñones iban a germinar porque necesitaban humedad y encontrar un refugio seguro donde aplacar el calor del estío. Sólo nacieron y crecieron sanos y fuertes aquellos que cayeron en las umbrías, en las tierras que la sombra de la tarde cubre con su manto; en los lugares más elevados del monte para esconderse de las elevadas temperaturas del verano; y cerca de arroyos, manantiales y fuentes donde beber el néctar de la vida, el agua..
Allá en la pendiente de la ladera, en un ángulo formado por la confluencia de dos cristalinos regatos de aguas saltari-nas, y entre riscos y lanchares, se criaban felices unos fuertes pinos albares, todos ellos hermanos.
La alegría y tranquilidad de estos pequeños pinos albares pronto se truncó. Era frecuente que los hombres llevaran a pastar a sus atajos de cabras por aquellos montes. Estos animales, que tienen fama de golosos, siempre buscan el brote más tierno y exquisito.
Mira por dónde, aquella cabra serrana, de pelo cobrizo y cuerna esbelta y afilada, depositó su mirada despierta en el pimpollo albar más lozano, en Bartolo. Con paso firme y prieto, con el silbo cómplice del crujir de la hojarasca, se encaminó hacia él. Una vez que el morrillo tibio de la cabra olisqueó y acarició de súbito el cuerpecillo de Bartolo, ésta abrió con ansia la boca y trincó con sus dientes de amarillo nácar las ramas superiores de Bartolo, la tierna cogoIlita, al tiempo que se relamía con placer.
Bartolo gimió de dolor y rabia: “nunca volvería a ser como los demás niños pinos albares, siempre sería el más pequeño de estatura”.
Sus hermanos le consolaron, mas de vez en cuando se burlaban de él y le llamaban “rechonchete”, por ser bajito y gordo..
Transcurrieron los años, y aquel bosquete de pinos albares de hojas de verde plata y tronco gris perla, comenzó a ser la admiración de todas las criaturas del bosque; y también a ser la codicia de los hombres.
El pueblo más próximo, por ende Guisando, fue aumentando de población. De vez en vez había más gentes que necesitaban construir sus casas con madera, piedra y barro. Y labrar en madera sus muebles, enseres domésticos y aperos como mesas, sillas, bancos, arcas, vasares, banquetas, artesas, bancas, tarras, cuchareros, colleras...
Un día de propiciatoria luna menguante de noviembre, los hombres decidieron subir al bosque de pinos albares y talar unos cuantos ejemplares para satisfacer sus necesidades de madera. Escogieron los pinos albares más altos y esbeltos, los más atractivos ejemplares. El hacha, sostenido por las manos expertas del leñador, los cortó hasta la médula y desramó; luego, varias parejas de mulas los arrastraron ladera abajo.
El bosque quedó mudo y triste. Bartolo fue el consuelo para sus hermanos supervivientes y para los animales del bosque que se acercaron entre sollozos, a refugiarse en su abrigo.
La candidez y comprensión de nuestro amigo Bartolo, le conviertieron en el “quitapesares” y centro de tertulia de los animales del bosque:
El oso con frecuencia venía a rascarse el lomo en su corteza, tras festines, algaradas y correrías entre panales de miel de abeja.
El lobo contaba sus avalares en sus encuentros con los hombres; sentía con amargura la desventura de ser el animal más temido y odiado por el hombre.
El jabalí glotón, cada día con el asomar del alba, preparaba su cama entre retamas al lado del tronco de Bartolo. Dormía tranquilo y, entre ronquido y ronquido, soñaba en alta voz con castañares de dulces castañas.
La cabra montes, en estas largas y amenas tertulias, deleitaba con el relato vibrante de los cuentos y leyendas que descubría escondidos entre las escar­padas peñas de la montaña.
La ardilla revoltosa correteaba de ramo en rama al tiempo que narraba las noticias más extraordinarias del bosque.
El águila, el guardián de los cielos, cada día desde su atalaya de ramas de plata dictaba sus predicciones metereológicas.
El buho derrochaba en con­sejos las sabias lecciones de la experiencia.
El lagarto de piel de arco iris lamentaba el tener que invernar por ser animal de sangre fría y porque sus insectos favoritos, en esas fechas, emigraban de vacaciones a terrenos más cálidos.
Un cabrerillo, que vivía con sus padres en una majada de los alrededores, se enteró de las virtudes de Bartolo y cada tarde se sentaba bajo su sombra a contarle sus cuitas. El muchacho sufría de mal de amores: una zagalita, que lavaba en el arroyo, no le prodigaba la menor de las atenciones.
Una de aquellas tardes melancólicas, el cabrerillo desesperanzado esgrimió su navaja y con rabia, pero sin ahondar en demasía, escribió en la corteza de Bartolo su nombre y el de su amada.
A Bartolo aquellas pinchadas también le causaron sufrimiento. Mas cabizbajo comprendió que más fuerte era la aflicción del corazón de aquel muchacho.
Entonces él que siempre había sido humilde, sumiso, caritativo, no egoísta, pidió con fuerza al Señor del Bosque que cuando se borraran por completo las huellas de aquellas letras, el cabrerillo viese cumplidos sus anhelos de ser correspondido por su dama.
En efecto, transcurridos dos años todos los signos de escritura desaparecieron y aquellos dos seres iniciaron un bello y largo romance con horas de amor apasionado.
Hoy hay quien sigue creyendo aún en el embrujo de Bartolo y sube a escribir en su tronco el nombre de su deseada o deseado.
Algunos siglos más tarde, Bartolo observó con cautela como se le acercó un hombre. Este le miraba pensativo, al tiempo que anda despacio recorriendo y palpando su grueso tronco. De pronto, el hombre sacó de su cinturón una azuela, y con ella comenzó a trazar dos profundos canales, de dos metros de longitud, de arriba a abajo, en aquel tronco gris perla. Quitó primero la corteza gris y después ahondó sacando finas astillas.
Bartolo no podía soportar el fuerte dolor, ¡era como si le estuvieran arrancando dos muelas del juicio sin anestesia!
Aquel hombre era resinero y pretendía extraer un poco de la savia de Bartolo, su resina. Este espeso y pegajoso líquido serviría para fabricar pez con la cual impermeabilizar tinajas, odres, botas, etc., para así poder almacenar en estos recipientes los líquidos. También serviría para frotar los cordones con los que coser los cueros para zapatos; o poder hacer barnices, colas o pegamentos. Las abuelas utilizarían la resina en algunas de sus recetas medicinales y, como insecticida natural, para capturar molestos insectos.
El enojo y la ira eran manifiestos en la cara de Bartolo. De improviso comenzó a arrojar sobre la cabeza del resinero sus diminutas pinas. De pronto, un rayito de luz iluminó su entendimiento y el sosiego retornó a su espíritu: “donaré mi sangre” -se dijo- para que pueda ser de provecho y utilidad a los hombres.
El resinero pareció entender este acto de solidaridad y en un pacto de silencio se comprome­tió a limpiar de malezas, heléchos y escobas los alrededores del tronco de Bartolo. Este podía estar tranquilo porque el otro gran enemigo del bosque, el fuego, no perturbaría su paz. Además, el resinero sería su guardián, aliado y defensor en el caso de que el incendio hiciese acto de presencia.
Bartolo y el resinero se hicieron íntimos amigos. El segundo no desperdiciaba ningún día de verano para sestear en el fresco y tranquilo regazo del primero.
No hace muchos años unos hombres, químicos de profesión, descubrieron que del petróleo se podía extraer la resina. Ya no necesitarían la resina de Bartolo. El resinero se quedó sin trabajo, dejó de subir al bosque de pinos albares y, en consecuencia, los pies de Bartolo se llenaron de malezas y matojos.
Bartolo, con intuición de madre protectora, presintió el silente infortunio venidero. En efecto, una tarde de recién estrenado otoño, en el horizonte asomaron nubarrones de aspec­to pesado y color plomizo. La luz del sol palideció muda para dar avance a un velo de penum­bras, como cuando entornamos los ojos en un tiempo breve y cadencioso. A un estrépito lejano acompañaron otros cada vez más próximos; eran los eslabones de la cadena que arrastraba una tormenta que comenzaba a despertarse. Desde las alturas celestes cayó, a corta distancia de Bartolo, un golpe sordo al que segundos después replicó un gran estruendo, como si el firmamento se hubiese rasgado y estallado en pedazos.
Un Bartolo atónito comprobó como a uno de sus sobrinos pino albar un gran tajo le había seccionado en dos mitades, desde la cabeza a los pies. El puño de un rayo veloz, con vocación de Herodes y agrios sentires, acababa de trazar, en las carnes de madera del sobrino, un camino de fuego a su paso hasta, avergonzado, cobijarse en las entrañas de la tierra.
¡Dios mío! -exclamó entre sollozos-. ¡Mi sobrino se está abrasando! La situación iba adquiriendo tintes más tensos, desoladores y críticos; aquella mancha de fuego se extendía rauda en todas direcciones. La suciedad del monte contribuía activamente a avivar las llamaradas destructoras. El resplandor corría de copa en copa de los altos pinos como jamás, en sus muchos siglos de existencia, viera antes. ¿Sería tal vez un cometa perdido, despistado de los firmamentos de una noche de lluvia de estrellas del mes de agosto, que prendiera con su cola aquellas copas dejando una estela agónica de muerte y desolación? Entonces recordó que, unos meses atrás, un avión roció la zona desde el aire con un líquido hediondo y pegajoso para combatir una plaga de orugas;allá donde dicha sustancia aceitosa cayó, sobre todo en las ramas plateadas de los pinos, ahora la lumbre brotaba con fuerza y tomaba nuevos bríos.
Bartolo sintió de pronto un fuerte calor, agachó la mirada y comprobó tembloroso como aquella atroz luminaria, el fuego, escalaba por las acanaladuras que el resinero años atrás había labrado en su cuerpo. ¡Cómo echaba de menos a su amigo y guardián; ya no estaba para sacarle de tan grave aprieto! ¡Tampoco estaban sus ami gos los animales!, éstos, indefen sos, habían huido buscando su propia salvación, movidos por el puro instinto de supervivencia.
Cuando sólo le quedaba -a nuestro amigo Bartolo- esperar que el fuego vorágine devorase sus altas ramas y desaparecer para siempre, escuchó el eco de las voces de un puñado de hombres que formaban una cuadrilla de extinción de incendios. Estos bomberos del bosque corrían apresurados gritando:“tenemos que salvar al abuelo Bartolo, el ser vivo y el pino albar más anciano del lugar”. Los salvavidas del monte se afanaron en una laboriosa y arriesgada tarea; haciendo uso de palas, azadas, hachas, ramas, motosierras, mangueras de agua., lograron aplacar el incendio.
Desde el aire un helicóptero, especialista en guardar bosques, arrojó una gran bolsa de agua, como si se tratase de un fortísimo aguacero o como si de pronto una cascada brotase del cielo. Ahora el incencio estaba sofocado y controlado.
Bartolo esta vez. ¡uf!, se había salvado por los pelos. En su cuerpo le quedarán para siempre las negras cicatrices de este suceso indeseable. La parte inferior de su tronco gris perla presenta unos fuertes entrantes, donde bien puede guarecerse la inocencia de un niño de hasta siete años.
Tras el incidente, Bartolo está triste, mas de una vez sus ojos empañan el brillo con lágrimas de quejosa pena: una parte festiva del bosque de pinos albares desapareció para siempre engullido por la candela del incendio; también perecieron muchos de sus amigos los animales, unos axfisiados por una pálida cortina de humo, otros calcinados por el furor de las llamas
Pero resignado y optimista piensa que las desgracias llevan una lección implícita de esperanza. Los hombres comprenderán que la naturaleza tiene unas reglas insoslayables, que es solidaria y afectiva como una madre, pero, cuando se enfada, ruge y enseña los dientes ante los desatinos que con ella se cometen.
Quizás ahora tendría sentido evocar el pensamiento simple y sincero que escuchó de los labios de una maestra de escuela: “sólo se ama cuando se cono­ce; la ignorancia complaciente y resignada es la peor de las deslealtades”. En todo caso, siempre habrá un hombre que buscará la piedra que el rayo llevaba atenazada en su puño. Una piedra negra como azabache que aflorará a la superficie dentro de quince años y librará para siempre de infortunios y desventuras a aquel que tenga la fortuna de encontrarla.
El pino albar, Bartolo, el más abuelo entre los abuelos, bonachón y siempre comprensivo, sigue soñando en despierta juventud bajo la luz tenue de las estrellas. Ensueños con ríos de vida de libres aguas esmeraldas, con bosques cantarines de más de mil colores y embriagadores perfumes, con nuevos atardeceres iluminados por arreboles, y con futuras generaciones de hombres solidarios e ilusionados, de sanos sentimientos y transparentes intenciones. Ma Lourdes Garro García

11 may 2007

POYALES DEL HOYO - FOTOS ANTIGUAS

Fotografías antiguas de Poyales del Hoyo (Avila), 3 auténticas joyas de la Fototeca de Poyales que debemos al esmero y la atencion de una joyanca con extensas raices genealógicas en el pueblo por parte de madre. Familia reunida alrededor de una alberca en Los Tomillares. Si alguien los reconoce, agradeceriamos la información.
Las comidas en las vegas con la familia reunida entre tarea y tarea, creaba unos entrañables lazos entre las distintas generaciones de dicha familia y ayudaba a conocerse entre nietos y abuelos. Por desgracia en la actualidad muchos niños sólo saben que los abuelos son unos señores que están en una Residencia y que sus padres visitan de vez en cuando. Los lazos familiares no se rompen, simplemente no se forman y el bagaje de historia y experiencia de la gente mayor se difumina y se pierde entre cuatro paredes. Tal vez todavía sea tiempo de replantearse la vida con parámetros diferentes de los que utilizamos para medir lo que es importante de lo que no.

Durante el verano, la única forma que había de darse un chapuzón en el río era ir andando, con plena calorina y con el canto de fondo de las chicharras (me río yo de la musica disco) que se clavaba hasta lo más profundo del alma, por la carretera que de paso se pegaban las zapatillas al asfalto o como el amigo Domingo y otros de familias pudientes que tenían sus medios de locomoción como bicis, motos o motobicis.

Victor y Domingo (Spar). Junto al Puente de la Lozana en el Río Arbillas.Increible pero cierto.

Hoy día con los automóviles, el km que separa el pueblo del Río no es ningún incoveniente para acercarse a darse un buen baño en cualquier momento. Y la variedad y belleza de charcos son invitación suficiente para visitarlo a diario.

FOTOS ENVIADAS POR: Begoña Parte Gonzalez

9 may 2007

RIO ARBILLAS - POYALES DEL HOYO

Fotografías del Río Arbillas, remitidas por Begoña Parte.
Por su calidad y belleza creo que sobra cualquier comentario sobre ellas, simple y llanamente son preciosas. Os animo a que me remitais más fotos para irlas compartiendo.

Río Arbillas, desde el Puente de la Lozana

Río Arbillas - Cascada del Charco de los Médicos y charco España

Río Arbillas desde el Puente Viejo

7 may 2007

08/05/2007 - FELIZ CUMPLEAÑOS, CAROLINA

08 de Mayo - Carolina Camacho Garro

CANDELEDA en los sellos de Correos

En Febrero de este año, el Servicio de Correos ha emitido una tirada de sellos que como se puede ver reproduce un mapa del pantano de Rosarito. Nos congratulamos de dicha emisión y esperemos que dicho sello recorra todos los rincones del pais.

CANDELEDA - BAUTIZO DE IRENE GARRO

El día 29 de Abril de 2007 en la Iglesia Parroquial de Candeleda fue bautizada, junto a otras dos niñas, Irene Garro Garro.
Familiares y amigos pasamos un buen día de campo en Los Tomillares, y después de la tarta probamos y vimos el valor del padre de la criatura poniendose y jugandose el tipo ante unos cornupetas bien presentados en la plaza de toros de la finca donde se celebró el acontecimiento.
Deseamos que la niña se críe sana y feliz y sea la alegría de sus padres, abuelos y demás familiares que esperamos poder disfrutar de su presencia muchos años.

CANDELEDA - RINCONES TIPICOS

Haciendo un recorrido por las calles de Candeleda, uno llega a la conclusión de que no están reñidos los estilos arquitectónicos del presente y del pasado. Es de alabar los esfuerzos por recuperar construcciones antiguas, conservando sus características balconadas; pero también son dignas de alabanza las nuevas construcciones que usando materiales tradicionales mantienen una estética aceptable en el conjunto urbano.
En muchos casos no se trata nada más y nada menos que de burdas falsificaciones de una arquitectura popular de la Vera, en la que se destacan características y detalles que corresponden a un proceso de deterioro de esas viviendas; pero aún así son mas aceptables y encomiables que algunas viviendas de nueva construccion que son verdaderas bofetadas al buen gusto (casos hay en Guisando y en Poyales).


06/05/07 - FELIZ CUMPLEAÑOS, CAROLINA

Carolina Camacho Segovia
FELIZ CUMPLEAÑOS

GALERIA DE FOTOS - XXXI

Pocesion en Poyales del Hoyo (Avila)

5 may 2007

FOTOS DE GUISANDO

Pinares de Guisando (Av)
Terraza-Bar El Puente en Guisando (Av)


GALERIA DE FOTOS - XXX

Pinos centenarios en Guisando (Av) de aprox. 500 años