"Amigo Félix, hoy he estado en Las Navas a despedir tu cuerpo de esta tierra, y digo tu cuerpo porque creo firmemente que tu espíritu está sentado a la diestra del Padre tal y como tu fe te indicaba.
Seguro que desde allí seguirás con tu labor de ayudar a los demás y sabras proteger a tu familia y a tu pueblo, que hoy más que nunca han expresado el cariño y la estima que te tienen.
Después de escuchar la homilía de tu amigo sacerdote y de escuchar las palabras que te han dedicado tu familia, tus compañeros y vecinos he llorado, pero no de dolor por tu pérdida, que sí la he sentido, sino de envidia de saber que han tenido la suerte de conocerte y trabajar a tu lado.
Por las conversaciones que escuchaba a mi alrededor, he sentido la profunda tristeza que todos mostraban por tu pérdida, pero presiento que cuando las lágrimas laven el dolor de sus corazones, sabrán expresar la alegría y el orgullo de haberte tenido.
Tu voz ya no la oiremos pero ten la seguridad de que tus palabras y tus hechos seguirán marcándonos el ejemplo a seguir, y no me cabe la duda de que muchas personas serán mejores y más felices gracias a ti."
Miguel Camacho.
