22 mar. 2007

FOLKLORE VALLE DEL TIETAR



FOLKLORE
Y ETNOLOGÍA
DEL VALLE
DEL TIÉTAR
PEDRO LAHORASCALA
y asesoramiento musical de
ÁNGEL TIRADO GARCÍA

Comarca al sur de la sierra de Gredos, conformada con la de San Vicente, el Valle del Tiétar se extiende de Oriente a Occidente a lo largo del río de su nombre, desde Casillas y Santa María del Tiétar, en el límite con la provincia de Madrid, hasta Candeleda y El Raso, tocando con la de Cáceres. Y al Mediodía, Toledo. A todo lo largo de este valle, sin solución de continuidad con la Vera de Plasencia, corre la ca­rretera comarcal de Plasencia a Alcorcon, en otro tiempo vía romana de segundo orden (véase mapa del profesor Criado del Val, 1960), y sen­da sin duda prehistórica. También cita­da por el Arcipreste de Hita en el Libro de Buen Amor y otros autores en sus viajes y estadías.

HABITAT Y PAISAJE
Esta condición de estar al Mediodía, entre sierras y beneficiado por un río principal y sus gargantas afluentes, Ramacastañas, Arbillas, Santa María, Chilla y otras, y numerosas fuentes y veneros, confiere a este valle del Tiétar un microclima propio que le ha­ce gozar de temperatura suave y salu­tíferos aires de paraíso casi siempre verde todo el año, con abundancia de frutas y de productos tempranos. Sus casas, que miran al sur, muestran una arquitectura popular serrana con bal­cones enmacetados y alerones salien­tes, entramados de madera y teja ára­be. En los campos de cultivo y prados serranos, pueden verse edificios rura­les de singular armonía, propios para vivir las temporadas del laboreo y co­secha, así como para albergue de ga­nados y aperos de labranza.
Es tierra de asentamientos antiguos con repoblaciones naturales, la de la Reconquista y posteriores, incluida, probablemente, alguna de grupos an­daluces, de donde quizá le venga el remoquete de «La Andalucía de Ávi­la», amén de por otras consideracio­nes geográficas y medioambientales, con señas de vegetación como palme­ras, naranjos, balcones enmacetados y hortensias a pie fijo en planteles y arriates; que hasta se editó un periódi­co con dicha cabecera entre los años 1891 y 1894, según cita el arénense Faustino García Fraile en un trabajo que publica el programa de fiestas de Arenas de San Pedro (1997) en honor a su Virgen del Pilar de Arenas, ima­gen procedente, precisamente, de Córdoba, de tiempos de la invasión árabe y encontrada en 1054, que dice José Serrano Cabo en su Historia y Geografía de Arenas de San Pedro y de las villas y pueblos de su partido, haciendo referencia a «un antiguo ma­nuscrito que se conserva religiosa­mente en Arenas» (y que no hemos podido conseguir).
En cuanto a la emigración de anda­luces, de lo que en Arenas de San Pedro hay, precisamente, un «Barrio de Triana», así rotulado, tras el río, a la salida de la carretera de Plasencia ha­cia Candeleda, podría pensarse en los moriscos, que emigraron a Castilla y a León, y llevaron nombres de sus ba­rrios como este de Triana y otros («El Albaicín» en Pastrana, Guadalajara) y sus conocimientos, como el de la se­da, de lo que en esta comarca hubo una industria floreciente siglos pasa­dos, tanto de la seda como del lino y el cáñamo, como recoge José Serrano Cabo en su obra anteriormente citada. Tema para una monografía, quizá.

CANCIONES Y COSTUMBRES

Volviendo a lo nuestro, conviene recor­dar la proximidad de la provincia de Madrid al levante, la comarca de San Martín de Valdeiglesias, en cuya zona de contacto se encuentran los Toros de Guisando, y la de Cadalso de los Vidrios, muy cantadora y de gran rique­za folklórica. También se da con las co­marcas toledanas de Escalona y Almorox y Talavera de la Reina todo a lo largo sur del río Tiétar hasta su paso a la provincia de Cáceres tras Candeleda. Así no es de extrañar in­fluencias madrileñas en el folklore del Valle del Tiétar y de éste en aquélla;
como las seguidillas que cierran el con­junto que con el título «Ronda de los Pueblos de Gredos» tiene grabado «Manantial Folk» en su CD Del Natural(1994), popular de Piedralaves y Casavieja; seguidillas castellanas que, a mi modesto juicio, son madrileñas o tienen ese aire. Esta ronda, que recoge Teresa Cortés Testillano y edita en una de acompañamiento a su Cancionero Abulense en 1991 y titulada con el pri­mer verso: «Coronado está el cordero»; esta ronda, digo, es muestra y resumen de un día de fiesta. Comienza con lo que parece ser restos de un romance religioso (Coronado está el cordero/ no de perlas ni zafiros/ni de claveles ni flo­res,/ sino de juncos marinos...), en to­nalidades de rondeña; le sigue la ronda de mozos con la jota que lleva letras de galanteo (Ramito de yerbabuena,/ manita de perejil/las flores de abril y mayo/ son parecidas a ti) y cierra con unas se­guidillas cuyos cantares son piropos (Ya no se llaman dedos/ los de tu mano,/ que se llaman claveles/cinco en un ra­mo.) Son las tres partes de los días de fiesta: la función religiosa, la ronda de calles y el baile en la plaza.

Jotas de ronda y rondas de albada; rondeñas, que por aquí dicen veratas ; coplas de estilo para el lucimiento y el baile bravo, que llaman del cruzao y del uno; quedan seguidillas, algún fandango castellano y otros bailes de corro y perseguimien­to, de carnaval y bulla. Las enramadas se echaban, y se echan (hay pueblos, como Arenas de San Pedro y Poyales del Hoyo que están recuperando esta tradición), la noche de San Juan, a no­vias, primas hermanas, amigas del grupo con el que se mocea y a mozas a las que se pretenden (requerir de amores). Consiste en adornar la puer­ta y alguna ventana o balcón con ra­mas verdes, frecuentemente cargadas de frutos (cereza, albaricoque, melo­cotón temprano) y profusión de flores. Luego, llevarán la ronda y hasta se bailará en la puerta. Dura, general­mente, hasta la noche de San Pedro, coincidiendo con el pino que ponen los quintos en la plaza o lugar tradicio­nal (Apéndice musical III). Es de notar la calidad y delicadeza de muchas le­tras, en ocasiones notable cultismo y juegos de palabras de variada inten­ción: religiosa, sexual, política, como esta oída en Candeleda: Eres más hermosa, niña,/ que la nieve no pisa­da,/que el perejil en el huerto/y el tré­bol en la cañada; en la que se introdu­ce una alusión sexual en el tercer verso, toda vez que «perejil» es la pa­labra que alude ocultamente al vello público masculino. Alusiones religio­sas, sexuales, políticas y de otra índo­le que, juntamente con formas y mo­dos de construir estrofas y estribillos, así como variantes y analogías, es­tructuras musicales y literarias de las diversas rondas y jotas, rondeñas, cantos de Carnaval y toreras de quin­tos, etcétera, hasta más de una vein­tena de apartados temáticos tenemos investigados en el Cancionero Popular Comentado de la Vera y el Valle del Jerte, que comprende más de qui­nientas canciones, totalmente analiza­das, y que está en propuesta de publi­cación en la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, con la singu­laridad de incluir en el estudio a Candeleda, El Raso y Poyales del Hoyo, pudiendo ser más extensivo, completándolo con la vuelta a los pue­blos de Gredos por el Pico y valle del río Tormes hasta el barco de Ávila y su salida natural por Tornavacas, cerran­do el ciclo con la entrada al valle del Jerte.
Creemos que estos pueblos tienen mucho en común por experiencia pro­pia y tradición oral, sabemos de su permanente intercomunicación y pro­blemas comunes medioambientales, de climatología, cultivos, arquitectura popular, costumbres, canciones y ca­samientos. Así puede verse en los pueblos veratos, epigrafiado en los dinteles de las puertas, las sucesivas migraciones de los ganaderos del Valle del Tiétar en los siglos XVIII, XIX y XX al menos. Y como, actualmente, muchos tenemos bisabuelos y abue­los de Guisando, El Arenal, San Esteban del Valle... Pero esto requeri­ría otro estudio de epigrafía y genea­logías.

INSTRUMENTOS Y PERCUSIONES MUSICALES

Los instrumentos para tocar y acom­pañar rondas y canciones en esta co­marca, han venido evolucionando des­de los primitivos pastoriles a los del folk moderno, aunque conservándose e incluso recuperando viejas formas y sonidos, incorporándose la guitarra acústica y el bajo eléctrico, las cajas y los bongos en los grupos de folk y tra­dicionales, tanto para dar fiestas y re­citales en escenarios y plazas, como para continuar la transmisión oral de jotas, rondas de calle, echar enrama­das, villancicos, cantos de albada y de carnaval, de toros, romances religio­sos y de ciegos, de amores contraria­dos y de intenciones picaras. La guita­rra, el laúd, la bandurria que vienen de vihuelas y mandolinas, el rabel y la zanfona... Aparece en ocasiones el violín (de bastante uso en Candeleda, por ejemplo), y no faltan la flauta de caña y el silbido, primera forma, sin duda, de imitación y modulación del sonido más puro de pájaros y gargan­tas chorreras y el viento en los ála­mos.
En cuanto a percusiones, a falta en ocasiones de instrumento e instrumen­tistas, guitarreros y otras más por re­forzar el ritmo y la bullanga, se acom­pañan los instrumentos y las voces con percusiones de las más variadas índoles: sonajas, zambombas y almi­reces; calderos que se hacen sonar ba­tiendo el asa contra el borde o palmeándolo en vilo en posición de agarrar; huesos enta­blillados que se ras­can con otro o un me­tal, como el asa de una cuchara; cántaros golpeados en la boca con la mano o con una alpargata; entre­chocar de tapaderas;
la botella de anís la­brada, batida a golpe de cuchara o con el lomo sobresaliente de la hoja de acero de una navaja cerrada. Así, y mucho más; echándole imagina­ción y gracia a la ne­cesidad o al bullicio;
como en Candeleda, en donde los mucha­chos, según me cuen­ta Santiago Guzmán, el «Pillo», de cuando él lo era (y ahora tiene 48 años), que eran espantados de las rondas de mozos, pa­saban las calles can­tando a grito pelado y haciendo sonar, a fal­ta de guitarras, el palo pelado de la planta del tabaco, rajado a media caña y golpeado con otro.

OTRAS CONSIDERACIONES
Aunque al final, para que sirva para am­pliar otras consideraciones anteriores, como las influencias en el vestir y en la edificación, conviene señalar que esta comarca ha venido siendo lugar de veraneo de la burguesía baja ma­drileña, desde cuando la alta burgue­sía veraneaba en las playas de San Sebastián con los reyes, poniéndose de moda Arenas de San Pedro, que ya tenía la impronta del infante don Luis de Borbón y su pequeña corte desde la segunda mitad del XVIII, con la influencia de notables y artistas co­mo Boccherini, Goya y otros persona­jes del arte y la cultura. Punto principal de las postas reales, como puede ver­se en un mapa en el Museo Postal de Madrid, fechado en 1783, luego termi­nal de líneas regulares de autobuses y ahora estación de líneas que cruzan el Valle y la Vera, Ávila y Toledo. El poe­ta León Felipe ejerció de boticario en La Adrada, con residencia en Piedralaves. También por este valle paseó su melancolía Juan Ramón Jiménez y don Jacinto Benavente si­tuó aquí la acción de su celebrado dra­ma La Malquerida. De Villarejo del Valle, una de las cinco villas del Barranco, regadas por el río Rama-castañas, era Francisca Sánchez, la mujer del poeta nicaragüense Rubén Darío cuando estaba en España y to­davía allí mantiene casa un nieto de esta unión sentimental estable. Pero todo esto requeriría otro estudio.
Finalmente hay que señalar cómo estas notas rápidas pueden aplicarse, en líneas generales, a la vecina co­marca de la Vera de Plasencia, sin so­lución de continuidad con el Valle del Tiétar, río abajo en comunicación por Candeleda y El Raso. Así lo considera Gabriel Azedo de la Berrueza, escritor menor del Siglo de Oro, natural y veci­no de Jarandilla de la Vera, en su Amenidades, florestas y recreos de la provincia de la Vera Alta y Baja en la Extremadura, que comienza en Casillas y Santa María de Tiétar, en el nacimiento del río, llamada por aquel entonces Escarabosa. Como así dice el escritor arénense Faustino García Fraile en un trabajo que publica en el programa de fiestas de Arenas de San Pedro de este año, recordando que «toda esta zona pertenecía a la villa romana de Mérida, Emérita Augusta creada 150 años a.C. (sic), y capital, por lo tanto, de todas estas comarcas al sur de la Sierra de Gredos» y tra­yendo también aquí la opinión de Camilo José Cela expresada en Judíos, moros y cristianos, de que el lí­mite de la Vera está en el río Ra-macastañas. ítem más, José Serrano Cabo, en su Historia y Geografía de Arenas de San Pedro, ya mencionada anteriormente, en el último párrafo del último capítulo se refiere a «las legíti­mas aspiraciones de todos los mora­dores de esta VERA», así, con mayús­culas, avalando, quizá, a Gabriel de la Berrueza; como que algunos viejos de Candeleda me han manifestado llana­mente que «nosotros también somos veratos, pero de Ávila». Por no traer la mención del Arcipreste de Hita en el Libro de Buen Amor. «Prados de Medellín de Cánceres, de Troxiello,/ la Bera de Plasencia fasta Valdemo-riello,/ toda la Serranía el presto mancebiello,/alboroco ayna e fizo grand portiello» (1962, pág. 119, capí­tulo De lo que faze miércoles corvillo e en la Quaresma). Pero, fuera de espe­culaciones, éste podría ser otro tema para estudiar en profundidad. Si se quiere. Como el más reciente de la fundación de El Raso de Candeleda.

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