24 feb. 2008

GUISANDO - TOROS DE GUISANDO

TOROS DEL RISQUILLO
Es evidente que estos no son los Toros de Guisando ni creo que se haya pretendido que lo sean, pero me parece aceptable la idea de ponerlos como elemento decorativo dentro del complejo turístico y de ocio que es la zona de El Risquillo.
Nos guste o no es evidente que son más conocidos y más famosos en el arte y la historia los Toros de Guisando que el pueblo de Guisando; y si bastante gente ha conocido el pueblo de Guisando buscando los Toros de Guisando, me parece justo y razonable que desde el pueblo de Guisando se informe de los Toros de Guisando.
Me parece correcta la placa que se ha puesto con la información de dichos toros pero hecho en falta más datos del lugar y su historia y algunas fotografías de de dichos toros similares a la que adjunto.
Tampoco estaría de más alguna otra placa con información sobre los vetones, pueblo creador de dichas esculturas y que ocuparon nuestra comarca durante mucho tiempo, siendo antepasados comunes en el pueblo de Guisando y en el Cerro de Guisando y de quien problamente proceda el nombre.
A mi gusto están bien así, pero tal vez se les mejoraría si se les matara un poco el canto de la cabeza redondeandoselas un poco. Es evidente que se han construido con maquinaria industrial.

TOROS DE GUISANDO (EL TIEMBLO)
Localizados en el término municipal de El Tiemblo, en Avila, los cuatro Toros de Guisando son una de las mejores manifestaciones artísticas de la España pre-romana.
Estas figuras fueron realizadas entre los siglos IV y I antes de Cristo, en plena Edad del Hierro. Durante esta etapa, el pueblo de los vetones está asentado en las provincias actuales de Badajoz, Cáceres, Salamanca y Avila. Pueblo fundamentalmente ganadero, los vetones se establecían en lugares en los que abundaba el agua y el pasto para sus rebaños.
El ganado -vacas, toros, cerdos- y la caza -jabalíes-, les procuraba carne, leche, cuero y estiércol, productos de importancia vital. De ahí que erigiesen toscas representaciones, llamadas verracos, de cerdos, jabalíes y toros, como éstas del Cerro de Guisando.
Realizadas en bloques de granito, las cuatro figuras, de más de dos metros y medio de largo, miran alineadas hacia el atardecer y al cerro del que toman nombre, estando situadas en la margen izquierda del arroyo Tórtolas.
Aunque poco elaboradas, algunas de ellas dan muestra de un incipiente realismo, pues poseen agujeros para insertar los cuernos y unos suaves surcos paralelos que indican los pliegues del cuello del animal.
La gran duda que nos queda acerca de estos cuatro enigmáticos verracos es su función, pues pudieron tratarse de esculturas con fines religiosos o funerarios, o bien ser protectoras de los rebaños, dotadas de una finalidad mágica o bien como simples hitos en las cañadas o marcadores territoriales.

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