2 jul. 2007

HISTORIA - Cartas de Villazgo - 1

Las Cartas de Villazgo y el despertar autonomista de las aldeas de la Tierra de Arenas.
MIGUEL ANGEL TROITIÑO VINUESA
Catedrático de Geografía Humana
Universidad Complutense de Madrid
Artículo integro extraido de la página citada y que se expone aquí por su gran interés sobre el tema tratado y por la brillante exposición del mismo
http://www.fortunecity.com/oasis/muscle/37/las_cartas_de_villazgo.htm

En la vertebración y organización de los territorios existen momentos clave, cuya comprensión resulta imprescindible para la explicación del paisaje actual. En la Tierra de Arenas hay cuatro que son fundamentales: la ocupación medieval y la configuración del señorío de Arenas; la autonomía de las aldeas en los siglos XVII y XVIII; la expansión demográfica y la roturación de tierras en el siglo XIX y comienzos del XX; y, finalmente, el abandono de cultivos y la expansión de la vivienda secundaria y del turismo a partir de 1970.

A continuación, intentamos aportar elementos de conocimiento para ayudar a comprender mejor una de esas etapas, la que bien podemos denominar como de rebelión de unas aldeas (Poyales del Hoyo, El Arenal, El Hornillo y Guisando) que, a lo largo de los siglos XVII y XVIII, lucharon por su libertad y lograron, con la excepción de Poyales del Hoyo, que existiera correspondencia entre el territorio vivido y sentido por lo lugareños y la realidad jurídico administrativa.
1. El contexto territorial y social del despertar autonomista.
La Tierra de Arenas, con una superficie de algo más de 288 Km2, se extiende desde las cumbres de Gredos que culminan en la Mira con 2341 m. de altura, hasta las riberas del Tiétar a poco mas de 400 metros de altitud, participando de altas cumbres, de valles intramontanos, de laderas montañosas y del fondo de la depresión o fosa del Tiétar.
El río Tiétar, con dirección Este-Oeste, drena las aguas de la Tierra de Arenas y caracteriza el paisaje del terreno de menor altitud, los antiguos alixares del Tiétar. A este colector principal, afluente directo del Tajo, vierte sus aguas el río Arenal que naciendo en la Peñita de Arenas discurre con dirección NE-SW y se configura en el principal eje articulador del territorio arenense, recibiendo a su vez las aguas de los ríos Cantos, Riocuevas, Pelayo y Avellaneda. El Arbillas drena las tierras de Poyales del Hoyo y el Ramacastañas las de la aldea del mismo nombre, vertiendo también directamente al Tiétar.
La disposición altitudinal, entre los 400 y los 2.400 metros y la organización topográfica, pequeños y profundos valles abiertos en el corazón de la vertiente meridional del Alto Gredos, resultan fundamentales para explicar tanto el proceso de ocupación humana como la configuración de los espacios vitales de las aldeas, los futuros términos municipales. El Arenal en la cabecera del río Arenal, El Hornillo en la del río Cantos, Guisando en la de los ríos Cuevas y Pelayo, y Poyales luchando por lograr la del rio Arbillas. El término de la cabecera del señorío, Arenas de San Pedro, participa de las tierras del Tiétar, Arenal, Pelayo, Arbillas y Ramacastañas, con presencia mas o menos significativa en todos los paisajes de la vertiente meridional de Gredos.
La presencia humana en las Tierras de Arenas se remonta a la época celta, cuando los vettones construyen los primeros castros; las huellas romana, visigótica y musulmana también están presentes, pero de una forma bastante puntual (Mariné, M. 1995).
La ocupación y organización sistemática del territorio no tendrá lugar hasta los siglos XIII y XIV, bajo el control de la poderosa ciudad de Ávila. Arenas logra su carta de villazgo en 1393 y a partir de ese momento se configura en el núcleo rector de su Tierra, beneficiándose de una posición estratégica en el valle del río Arenal, al controlar los puentes que lo cruzan.
La ocupación y organización del territorio avanza con rapidez y en el siglo XV ya están documentadas todas las aldeas de la Tierra de Arenas: Los Llanos, Poyales, Guisando, El Hornillo, El Arenal, La Parra, Ramacastañas y Hontanares. La expansión demográfica tiene lugar fundamentalmente en el siglo XVI y en 1591 ya vivían en la Tierra de Arenas 1.121 vecinos, del orden de unos 4.500 habitantes, siendo uno de las zonas mas poblados del Sistema Central abulense.

Cuadro 1: Población de la Tierra de Arenas en 1591
POBLACIÓN Nº VECINOS EN EL AÑO 1591
Arenas ----------------------------554
El Arenal --------------------------154
Poyales del Hoyo ------------------ 157
Guisando ---------------------------68
El Hornillo --------------------------72
Hontanares -------------------------56
La Parra ----------------------------21
Ramacastañas ----------------------39
TIERRAS DE ARENAS -----------1121
Fuente: Censo de población de la Corona de Castilla en 1591.

La crisis social y política del siglo XVII implica, entre otras cosas, un importante debilitamiento demográfico en el Valle del Tiétar abulense, fenómeno que tiene más fuerza en las villas cabecera de señorío que en las aldeas dependientes de su jurisdicción. La crisis de los núcleos centrales y las penurias económicas de la Monarquía, junto con un sentimiento de abandono, perceptible en las aldeas que se consideran perdidas y olvidadas en el interior de los valles serranos, explican un interesante proceso de reorganización territorial y de diferenciación administrativa. Este proceso perfilará el mapa de lo que luego serán los actuales municipios con la reforma administrativa de Javier de Burgos en 1833.
Nos encontramos, por tanto, ante una segunda fase de profunda reorganización administrativa del territorio medieval abulense (Troitiño, M.A. 1999). La primera tuvo lugar a finales del siglo XIV, en 1393, cuando, Candeleda, Arenas, Mombeltrán y La Adrada lograron sus cartas de villazgo y el derecho a configurar las cuatro Comunidades de Villa y Tierra, que vertebraron la organización y explotación del valle del Tiétar abulense durante mas de tres siglos. Ahora, en mayor o menor medida, se luchará, durante más de un siglo, por diferenciar unas entidades administrativas cuyos límites se adecuen con el territorio vivido y sentido por los lugareños, pequeños valles en el interior de la vertiente meridional de Gredos, regados por los ríos Arenal, Cantos, Pelayos y Arbillas. Este reto se logrará en El Arenal, El Hornillo y Guisando, no así en el caso de Poyales del Hoyo.
Poyales del Hoyo será la primera aldea en abrir, en 1658, el proceso autonomista de la Tierra de Arenas y la segunda en el Valle del Tiétar abulense, tras Piedralaves que rompe fuego en 1639 (Luís López, C. 1990). El problema jurisdiccional de Poyales se explica, tanto por la presencia del Proindiviso entre Arenas y Candeleda como por el peso histórico de estas dos poderosas villas vecinas.
El proceso de reorganización de la Tierra de Arenas se inicia en el siglo XVII con la autonomía del lugar de Poyales del Hoyo en 1658. Se trata de la primera aldea que se independiza de Arenas y también, tal como ahora veremos, la que conseguirá un término mas raquítico, tan sólo 332 Has. En el siglo XVIII lograrán su autonomía las aldeas de El Arenal (1732), El Hornillo (1759) y Guisando (1760). Las restantes aldeas, Hontanares, La Parra y Ramacastañas, nunca alcanzarán el rango de villa. La Parra tendrá vida autónoma como municipio entre 1833 y la década de 1930 en que, ante las dificultades económicas para preservar su autonomía, vuelve a incorporarse al municipio de Arenas.

Cuadro 2: La autonomía de las aldeas de la Tierra de Arenas y la
configuración de los términos municipales.
COMUNIDAD ---------------- Año titulo de Villa
ARENAS ---------------------------------1393
POYALES DEL HOYO --------------------1658
EL ARENAL ------------------------------1732
EL HORNILLO ---------------------------1759
GUISANDO -------------------------------1760
HONTANARES -----------------Aldea de Arenas
LA PARRA ---------------------Aldea de Arenas
RAMACASTAÑAS --------------Aldea de Arenas
Fuentes: Cartas de villazgo y Catastro del Marqués de la Ensenada.
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El proceso de diferenciación territorial será largo y no estará exento de conflictividad, requiriendo la firma de pactos o "cartas de concordia" entre las villas y las aldeas que se segregaban. También dejó, tal como ocurre en Poyales del Hoyo, heridas que aún no están cerradas y sentimiento de un trato desigual.

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